En la redacción yo saqué un 8... una redacción de 3 hojas y que me llevó hacerla un día entero. Además yo creó que la historia era bastante original y estaba bien narrada...
Otra gente que hizo solo una cara (cuando el mínimo eran 2) sacó un 9.
Las normas eran que con el principio de la historia tu crearas el desarrollo y el final.
Os voy a escribir la historia para que la juzguéis vosotros mismo. A ver si me merezco más nota o menos o si un 8 es justo.
Nachín era más fuerte que los demás. A mis ojos estaba gordo pero no era una gordura torpe, era una gordura de fuerza. Solía estar solo. Las madres de los demás niños no les dejaban jugar ni estar con él. Era violento y pegaba. Le tenían miedo. Yo también. En casa me decían que no me metiera en líos. Solía apartarme de él. Nachín sólo esta con los demás cuando los demás eran muchos y su presencia se diluía. Pero nadie se permitía apartes con él. Cuando me decía algo por la calle, lo que fuera, yo aceleraba el paso...
... y me metía en el primer callejón que hubiese. Yo estaba aterrorizado, pero a la vez sentía tristeza porque pensaba que todo eso no le debía de sentar muy bien. No es agradable que te hagan el vacío, sobretodo si tú no has hecho nada.
Conozco a Nachín desde los tres años. Él siempre me robaba las galletas del recreo. No le daba mucha importancia. No solía comérmelas y él nunca traía nada para comer a la hora del recreo. Traía una fiambrera que había encontrado en la calle. La traía siempre vacía y la llenaba con la comida que le quitaba a los otros niños.
Según lo que me han contado, su padre les abandonó, a él y a su madre, cuando tan solo tenía dos años. Su madres, tras lo ocurrido, abrió un bar en el que trabaja día y noche. Nachín vivía con su abuela, ya que le quitaron la custodia a la madre por dejarlo solo en casa con tres años. Quería mucho a su abuela, pero ella era muy mayor y no estaba bien de la salud. Así que pasó lo que pasó. Como a todo ser vivo, le llegó su hora.
Ahora, como no le queda familia cercana, está viviendo en un orfanato. Solo se que tiene que ir a las horas de comer y estar a las nueve en la cama.
Yo no creo que Nachín sea violento por placer. Ha sufrido mucho y no se puede controlar. Me da pena el chico.
Bueno, ahora viene lo más importante, lo que es la historia en si.
Un día había quedado con mis dos mejores amigos, Raúl y Claudia, en un descampado que había detrás de la iglesia. Vivíamos en un pequeño pueblo muy agradable, en el que había poco tráfico por lo que podíamos jugar en la calle.
Había quedado con Raúl y Claudia para enseñarles unos trucos de magia con luces, así que quedamos por la noche.
Eran las once de la noche cuando salí sigilosamente por la ventana. Caí al suelo del jardín y salté la valla que lo rodea. Tuve que esconderme en algún momento en el que pasaban unos señores, ya que los niños no pueden salir tan tarde de casa sin un adulto que los acompañe.
Llegué al descampado al rededor de las once y diez. Claudia y Raúl ya estaban allí esperandome. Fui hasta donde estaban ellos y les saludé:
-¡Hey! Hola.
-Hola. Llegas tarde.-dijo Raúl.
-Ya lo sé. Mis padres estuvieron viendo la tele hasta tarde. Lo siento.
-No pasa nada.-respondió Claudia.-¿Nos enseñas los trucos de magia?
-Por supuesto.
Pasaron unos cinco minutos cuando vimos a Nachín trepando el muro del descampado para poder entrar.
-Oh, no. Ahí viene el gorila.-dijo estremecido Raúl.
-¡No! Nos va a arruinar el plan.-contesté.
-Tengo miedo.-susurró Claudia.
-¡Hola! ¿Qué estáis haciendo?
-Unas cosas nuestras. Y nos estas molestando.-dije con seriedad mientras mi amigos me miraban con sorpresa y temor.
-¿¡Cómo has dicho!?-gritó Nachín.
-Que nos molestas. Vete.Y no grites, que hay gente durmiendo.
Yo no era muy consciente de aquellas palabras. En las miradas de mis amigos se podía ver sus pensamientos, pensamientos en los que salía yo en el suelo, herido, a causa de Nachín.
-¡Te vas a enterar!¡Te voy a dar la paliza de tu vida por contestarme así!
Nachín me agarró por el cuello de la camisa y me lenvató en el aire. Yo estaba con los ojos cerrados esperando a que todo pasara rápido, cuando de repente oí unos gritos. Me caí al suelo, por lo que supuse que Nachín ya me había soltado.
Cuando me levanté abrí los ojos para poder ver lo sucedido, pero lo único que ví fue al gorila mirando en todas direcciones.
-¿Dónde están Raúl y Claudia?-pregunté.
-No lo sé...- respondió él.- Solo he visto una sombra corriendo y luego solo estábamos tú y yo.
-¿¡Quieres decir que los han raptado?
-Seguramente.
-¡Tenemos que hacer algo!¿Por dónde se han ido?
-Creo que fue en dirección a la zona industrial.
-¡Pues claro! Unos niños solos en un descampado de noche. La ocasión perfecta para secuestrar los y pedir un rescate. Seguramente los esconderá en alguna nave abandonada.
-Vayamos a buscarlos.
Sinceramente no me gustaba mucho la idea de ir con Nachín, pero habían secuestrado a mis dos mejores amigos y tenía que hacer algo. Además, se me ocurrió que la fuerza de Nachín podría serme de utilidad ya que se podría decir que yo soy más... intelectual.
Nos dirigimos a la zona industrial del pueblo, situada a las fueras. Había unas veinticinco fábricas, aunque la mayoría estaban abandonadas.
Cuando llegamos a lo que podría llamarse "la calle principal" no sabíamos en que dirección ir. Entonces fue cuando me fijé en algo del suelo.
-Marcas de neumático hechas con barro... y parecen recientes.
-¿Quieres decir que el secuestrador se los llevó en coche y se le llenó de barro al atravesar el camino que lleva al parque?
-Sí, estoy casi seguro de que eso fue lo que pasó. Eres muy listo.
-Gracias. Entonces ¿seguimos las marcas?
-Sí
Seguimos las manchas de barro hasta que empezaban a ser menos visibles. Por suerte pudimos ver el coche en cuestión. Estaba aparcado en la parte de atrás de una de las fábricas que había sido abandonada.
-¿Cómo vamos a entrar?- preguntó Nachín.
-¿Serías capaz de levantarme? Allí hay una ventana rota y quizás sea capaz de entrar por ahí.
-Por supuesto.
Me cogió y me levantó agarrándome por los tobillos. Era, incluso, más fuerte de lo que parecía.
Cuando conseguí subirme al alfeizar de la ventana intenté tener cuidado, pero me clavé en el brazo unos cachos de los cristales rotos de la ventana. Salté al interior del edificio y bajé deslizándome por una tubería. Mi mayor sorpresa fue encontrarme a Nachín en la planta baja esperándome.
-La puerta estaba abierta.-me dijo.
-Tanto plan para nada. Además me he herido.
-¿Qué te ha pasado?
-Nada. me clavé unos cristales en el brazo, pero no duele.-dije simulando mi verdadero dolor.
-Pues busquemos a Raúl y a Claudia.
Subimos a un segundo piso en el que había una sala, seguramente la oficina del jefe o algo parecido.
Cuando abrimos la puerta nos encontramos con nuestros amigos, que estaban atados y amordazados en el suelo.
-¡Raúl!¡Claudia!-grité mientras le quitaba los esparadrapos de la boca.
-No grites o él te oirá..-me advirtió Raúl.
Sentí una extraña presencia detrás de mí y me giré. Allí estaba un hombre de unos 30 años. Llevaba ropa andrajosa y una bufanda negra que le escondía gran parte de su rostro. También tenía en la mano una navaja, con la que quería insinuar que era mejor no hacer nada raro.
Al verle me caí al suelo junto a Raúl y a Claudia.
-Hola pequeño. ¿Qué haces tú por aquí?¿también quieres ser mi rehén?
Nadie dijo nada. Teníamos demasiado miedo para hacerlo.
De repente vi una sombra detrás de aquel hombre y llevaba una barra de hierro con la que le propinó un fuerte golpe en la cabeza y el hombre se cayó al suelo inconsciente.
Aquella sombra que vi era Nachín. Había salido a vigilar y entró al oir la voz de aquel hombre amenazándonos.
Salimos corriendo del edificio y atravesamos el parque para que, en caso de que hubiera recuperado la consciencia, le hubiéramos perdido de vista entre los árboles.
Llegamos a la plaza del pueblo, pero no nos parecía seguro quedar allí ya que podría volver a aparecer y, aunque hubiéramos pedido auxilio, él podría haber sacado un arma y amenazarnos nuevamente.
Nos dirigimos a la casa de Claudia y entramos al patio delantero a través de la verja.
-Todo esto ha sido demasiado para una sola noche.-dijo Raúl mientras miraba su reloj.-Ya son las tres de la mañana.
-Chicos, muchas gracias por salvarnos a Raúl y a mi.
-Todo el mérito es de Nachín.-contesté.-Él fue quién le pegó al malo.
-No, Héctor, tu has hecho mucho más que yo, el mérito es tuyo.
-¡Bueno, da igual!-interrumpió Raúl.- Los dos habéis ayudado y tenéis el mismo mérito. Ahora, si me disculpáis, me voy a mi casa.
-Sí, yo también.-contesté.
Por la mañana le contamos lo sucedido a nuestros padres. Nos riñeron y llamaron a la policía. Al parecer, el secuestrado seguía inconsciente en la fábrica así que la policía lo puedo detener muy fácilmente.
Desde ese día veo a Nachín, no como una amenaza, sino como un gran amigo dispuesto siempre a protegerte, sea lo que sea, y claro está yo a él también.
Ahora, como no le queda familia cercana, está viviendo en un orfanato. Solo se que tiene que ir a las horas de comer y estar a las nueve en la cama.
Yo no creo que Nachín sea violento por placer. Ha sufrido mucho y no se puede controlar. Me da pena el chico.
Bueno, ahora viene lo más importante, lo que es la historia en si.
Un día había quedado con mis dos mejores amigos, Raúl y Claudia, en un descampado que había detrás de la iglesia. Vivíamos en un pequeño pueblo muy agradable, en el que había poco tráfico por lo que podíamos jugar en la calle.
Había quedado con Raúl y Claudia para enseñarles unos trucos de magia con luces, así que quedamos por la noche.
Eran las once de la noche cuando salí sigilosamente por la ventana. Caí al suelo del jardín y salté la valla que lo rodea. Tuve que esconderme en algún momento en el que pasaban unos señores, ya que los niños no pueden salir tan tarde de casa sin un adulto que los acompañe.
Llegué al descampado al rededor de las once y diez. Claudia y Raúl ya estaban allí esperandome. Fui hasta donde estaban ellos y les saludé:
-¡Hey! Hola.
-Hola. Llegas tarde.-dijo Raúl.
-Ya lo sé. Mis padres estuvieron viendo la tele hasta tarde. Lo siento.
-No pasa nada.-respondió Claudia.-¿Nos enseñas los trucos de magia?
-Por supuesto.
Pasaron unos cinco minutos cuando vimos a Nachín trepando el muro del descampado para poder entrar.
-Oh, no. Ahí viene el gorila.-dijo estremecido Raúl.
-¡No! Nos va a arruinar el plan.-contesté.
-Tengo miedo.-susurró Claudia.
-¡Hola! ¿Qué estáis haciendo?
-Unas cosas nuestras. Y nos estas molestando.-dije con seriedad mientras mi amigos me miraban con sorpresa y temor.
-¿¡Cómo has dicho!?-gritó Nachín.
-Que nos molestas. Vete.Y no grites, que hay gente durmiendo.
Yo no era muy consciente de aquellas palabras. En las miradas de mis amigos se podía ver sus pensamientos, pensamientos en los que salía yo en el suelo, herido, a causa de Nachín.
-¡Te vas a enterar!¡Te voy a dar la paliza de tu vida por contestarme así!
Nachín me agarró por el cuello de la camisa y me lenvató en el aire. Yo estaba con los ojos cerrados esperando a que todo pasara rápido, cuando de repente oí unos gritos. Me caí al suelo, por lo que supuse que Nachín ya me había soltado.
Cuando me levanté abrí los ojos para poder ver lo sucedido, pero lo único que ví fue al gorila mirando en todas direcciones.
-¿Dónde están Raúl y Claudia?-pregunté.
-No lo sé...- respondió él.- Solo he visto una sombra corriendo y luego solo estábamos tú y yo.
-¿¡Quieres decir que los han raptado?
-Seguramente.
-¡Tenemos que hacer algo!¿Por dónde se han ido?
-Creo que fue en dirección a la zona industrial.
-¡Pues claro! Unos niños solos en un descampado de noche. La ocasión perfecta para secuestrar los y pedir un rescate. Seguramente los esconderá en alguna nave abandonada.
-Vayamos a buscarlos.
Sinceramente no me gustaba mucho la idea de ir con Nachín, pero habían secuestrado a mis dos mejores amigos y tenía que hacer algo. Además, se me ocurrió que la fuerza de Nachín podría serme de utilidad ya que se podría decir que yo soy más... intelectual.
Nos dirigimos a la zona industrial del pueblo, situada a las fueras. Había unas veinticinco fábricas, aunque la mayoría estaban abandonadas.
Cuando llegamos a lo que podría llamarse "la calle principal" no sabíamos en que dirección ir. Entonces fue cuando me fijé en algo del suelo.
-Marcas de neumático hechas con barro... y parecen recientes.
-¿Quieres decir que el secuestrador se los llevó en coche y se le llenó de barro al atravesar el camino que lleva al parque?
-Sí, estoy casi seguro de que eso fue lo que pasó. Eres muy listo.
-Gracias. Entonces ¿seguimos las marcas?
-Sí
Seguimos las manchas de barro hasta que empezaban a ser menos visibles. Por suerte pudimos ver el coche en cuestión. Estaba aparcado en la parte de atrás de una de las fábricas que había sido abandonada.
-¿Cómo vamos a entrar?- preguntó Nachín.
-¿Serías capaz de levantarme? Allí hay una ventana rota y quizás sea capaz de entrar por ahí.
-Por supuesto.
Me cogió y me levantó agarrándome por los tobillos. Era, incluso, más fuerte de lo que parecía.
Cuando conseguí subirme al alfeizar de la ventana intenté tener cuidado, pero me clavé en el brazo unos cachos de los cristales rotos de la ventana. Salté al interior del edificio y bajé deslizándome por una tubería. Mi mayor sorpresa fue encontrarme a Nachín en la planta baja esperándome.
-La puerta estaba abierta.-me dijo.
-Tanto plan para nada. Además me he herido.
-¿Qué te ha pasado?
-Nada. me clavé unos cristales en el brazo, pero no duele.-dije simulando mi verdadero dolor.
-Pues busquemos a Raúl y a Claudia.
Subimos a un segundo piso en el que había una sala, seguramente la oficina del jefe o algo parecido.
Cuando abrimos la puerta nos encontramos con nuestros amigos, que estaban atados y amordazados en el suelo.
-¡Raúl!¡Claudia!-grité mientras le quitaba los esparadrapos de la boca.
-No grites o él te oirá..-me advirtió Raúl.
Sentí una extraña presencia detrás de mí y me giré. Allí estaba un hombre de unos 30 años. Llevaba ropa andrajosa y una bufanda negra que le escondía gran parte de su rostro. También tenía en la mano una navaja, con la que quería insinuar que era mejor no hacer nada raro.
Al verle me caí al suelo junto a Raúl y a Claudia.
-Hola pequeño. ¿Qué haces tú por aquí?¿también quieres ser mi rehén?
Nadie dijo nada. Teníamos demasiado miedo para hacerlo.
De repente vi una sombra detrás de aquel hombre y llevaba una barra de hierro con la que le propinó un fuerte golpe en la cabeza y el hombre se cayó al suelo inconsciente.
Aquella sombra que vi era Nachín. Había salido a vigilar y entró al oir la voz de aquel hombre amenazándonos.
Salimos corriendo del edificio y atravesamos el parque para que, en caso de que hubiera recuperado la consciencia, le hubiéramos perdido de vista entre los árboles.
Llegamos a la plaza del pueblo, pero no nos parecía seguro quedar allí ya que podría volver a aparecer y, aunque hubiéramos pedido auxilio, él podría haber sacado un arma y amenazarnos nuevamente.
Nos dirigimos a la casa de Claudia y entramos al patio delantero a través de la verja.
-Todo esto ha sido demasiado para una sola noche.-dijo Raúl mientras miraba su reloj.-Ya son las tres de la mañana.
-Chicos, muchas gracias por salvarnos a Raúl y a mi.
-Todo el mérito es de Nachín.-contesté.-Él fue quién le pegó al malo.
-No, Héctor, tu has hecho mucho más que yo, el mérito es tuyo.
-¡Bueno, da igual!-interrumpió Raúl.- Los dos habéis ayudado y tenéis el mismo mérito. Ahora, si me disculpáis, me voy a mi casa.
-Sí, yo también.-contesté.
Por la mañana le contamos lo sucedido a nuestros padres. Nos riñeron y llamaron a la policía. Al parecer, el secuestrado seguía inconsciente en la fábrica así que la policía lo puedo detener muy fácilmente.
Desde ese día veo a Nachín, no como una amenaza, sino como un gran amigo dispuesto siempre a protegerte, sea lo que sea, y claro está yo a él también.
FIN
Después de reescribirlo todo me da la sensación de que la profesora de lengua no se molestó ni en leerlo entero, ya que yo encontré MUCHAS faltas, esencialmente tildes...
Ahora comentar lo que os ha parecido y si de verdad merecía un 8, más nota o menos.
Guaaau es una buena historia... se merece más de un 8 (en mi opinión) pero un 8 tampoco es mala nota...
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